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La educación de los hijos es una tarea muy difícil y costosa, que requiere de mucha paciencia, constancia y ganas por nuestra parte. Es y debe ser una tarea conjunta entre padres y colegio. Los padres, como primeros educadores de nuestros hijos, debemos concienciarnos y responsabilizarnos en esta tarea educativa, contando con la ayuda del colegio. Resulta pues indispensable tener unos criterios o pautas de educación claros; es decir, qué quiero conseguir en mis hijos, qué valores quiero fomentarles, qué es lo que se espera de ellos. En estas edades se despierta la conciencia personal del propio yo, es decir, comienzan a ser conscientes de sus posibilidades y limitaciones, de lo que les cuesta más y les cuesta menos. Por esto es bueno que nuestros hijos sepan qué esperamos de ellos y a qué son capaces de llegar, para poder exigirles a cada uno en su justa medida. Esto se irá consiguiendo con nuestra constancia y cariño, intentando ir a la par con el colegio en cuanto a lo que queremos transmitir y vivir.
Una vez que tenemos claros los criterios, viene la cuestión de cómo educar: 1.-En primer lugar, hay que dedicar un tiempo exclusivamente para esto. No se educa mejor por la cantidad de horas de trato con los hijos, sino por la calidad de relaciones que establezcamos con ellos. Más vale poco y bien que mucho y mal. Los hijos necesitan que el tiempo que les podamos dedicar sea pleno y exclusivamente para ellos: sea al contarles un cuento, escucharles, jugar con ellos, compartir horas de comidas, etc.
2.-También conviene tener en cuenta que no se deben perder los nervios. La jornada diaria se encuentra llena de tensiones, estrés, prisas que nos hacen perder los nervios y agotar la paciencia, y lo suelen pagar los hijos. Ser tierno y comprensivo no se opone ni a comportarse de una manera justa ni a la riña cuando la conducta de los hijos no es la indicada.También conviene tener en cuenta que no se deben perder los nervios. La jornada diaria se encuentra llena de tensiones, estrés, prisas que nos hacen perder los nervios y agotar la paciencia, y lo suelen pagar los hijos. Ser tierno y comprensivo no se opone ni a comportarse de una manera justa ni a la riña cuando la conducta de los hijos no es la indicada.
3.-Por otro lado, las correcciones con amor valen más que una salida de tono. Educar con cariño pretende por un lado demostrarles a nuestros hijos que los queremos con muestras de afectos físicos (abrazos y besos), pero también requiere reñirles si su conducta no es la correcta. Se trata, en definitiva, de exigir a cada hijo, en la medida en que pueda, las metas u objetivos que nos hemos propuesto. 4.-Es muy importante educar positivamente, reforzando las buenas actitudes, alabando la parte positiva del comportamiento de nuestros hijos. Ellos necesitan saber que sus padres están satisfechos con ellos. Esto les ayudará y se sentirán estimulados para continuar su buen comportamiento. 5.-En la medida de lo posible, hemos de adelantarnos y hacer a nuestros hijos obedientes, ordenados, sinceros, etc., antes de que puedan ser desobedientes, desordenados, mentirosos, etc. 6.-Es necesario hacerles comprender las cosas razonablemente, y no como una orden que han de acatar (aunque a veces, cuando son muy pequeños no se lo razonamos) 7.-El método de las amenazas funciona solo las primeras 2 ó 3 veces. Luego el niño se acostumbra y no hace caso. La amenaza a largo plazo desprestigia la credibilidad de los padres. Más vale castigar al niño después de una amenaza incorrecta, que amenazarle y no cumplir la amenaza nunca. 8.-Cada hijo tiene un carácter, una personalidad y unas necesidades específicas. Esto conviene tenerlo en cuenta para educar individualmente. 9.-Para corregir algo incorrecto no se necesita ridiculizar al niño. Esto no le aporta nada positivo y existe el peligro de que el niño se acompleje. Se debe corregir a solas, para que no se sienta humillado. 10.-La mejor forma de educar a nuestros hijos llegar por el ejemplo. Los hijos se fijan en los padres más de lo que creemos; somos los modelos que imitan, Si ellos nos ven luchar en nuestros defectos, lucharán por mejorar los suyos. De esta forma haremos personas responsables y libre capaces de afrontar cualquier obstáculo, con fortaleza y madurez.
Atentamente, Elena Morales Peñarrubia |
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