Familias con hijo único, un modelo cada vez más extendido

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En las Escuelas Infantiles Menuts, tus guarderías en Valencia, no nos pasa desapercibido el hecho de que las familias con un solo hijo/a son cada vez más comunes en España.

Los cambios en el estilo de vida de las familias, la natalidad cada vez más tardía, o los cada vez más comunes problemas de fertilidad entre las parejas europeas, son factores clave en el hecho de que cada vez más parejas decidan concebir solamente un hijo/a.

Además, la situación en España es más acusada que la de nuestros vecinos europeos, pues contamos con una media de 1’23 hijos por mujer, frente a la media de 1’59 del conjunto de la Unión Europea, según Eurostat. Ya en 2013 la Fundación La Caixa publicó un estudio al respecto titulado “El déficit de la natalidad en Europa. La singularidad del caso español”, informe que confirmaba que en la actualidad el porcentaje de mujeres con un solo hijo es de un 27%.

Las cosas han cambiado mucho para las familias españolas, que en los años 50 y 60 solían tener una media de 3 hijos, a veces más. En los años 70 y 80 este número se redujo, y las parejas tenían entre 2 y 3 hijos. Hoy en día, la media se ha reducido considerablemente, aunque estamos por encima de la media de 2001, cuando la media se situaba en el 1’24 hijos por mujer. Las expectativas, además, no nos dicen que estos números vayan a variar significativamente.

Sin embargo, en torno a la figura del hijo único, tradicionalmente se han extendido una serie de prejuicios referentes al niño: que si está sobreprotegido, que si es un malcriado, que si son más egoístas… es decir, una serie de mitos y connotaciones negativas a los que siempre se han enfrentado aquellos niños y niñas que crecen sin hermanos.

Pero no obstante existen hoy en día multitud de estudios al respecto, estudios que demuestran que no existen ni han existido nunca diferencias significativas entre los hijos únicos y aquellos niños que crecen con hermanos. No por crecer sin hermanos el niño o la niña desarrollan un determinado carácter, todo está en manos de sus progenitores.

Se dice que los hijos e hijas únicos suelen ser menos sociables, pero lo cierto es que si los padres favorecen las conductas sociales del niño desde pequeño, el hijo o la hija única puede ser tan sociable o más que el niño o la niña que crece rodeado de hermanos.

La atención que pueden brindar las familias a un hijo o hija única no debe de verse como un inconveniente, sino como una ventaja, una ventaja que mal utilizada puede volverse en su contra. El hecho de no tener que competir con ningún hermano puede hacer que su tolerancia a la frustración se desarrolle muy levemente. Sin embargo, los padres son los encargados de encontrar otras vías para poder desarrollar este rasgo.

Con respecto a la sobreprotección, hay que dejar de lado el miedo exagerado, dejándole espacios para que se vuelva autónomo e independiente, y no desarrolle un carácter tímido, dependiente, inseguro o temeroso. No se trata de desentenderse, sino de darle espacio para que pida ayuda antes de cumplir con todas sus necesidades antes de que ni siquiera divise los obstáculos.

Para desarrollar su sociabilidad, siempre tiene a sus familiares y sus compañeros de clase. Apuntarle a varias actividades tanto lúdicas y deportivas lo ayudará a relacionarse con más niños, a divertirse y a aprender lo que es convivir con más niños y compartir con ellos.

Otro de los puntos clave son las obligaciones. Es necesario establecer unas normas y deberes al igual que con los demás niños. El hijo único necesita conocer en todo momento dónde se encuentran sus límites y márgenes de actuación, además de las responsabilidades que conlleva ser un niño.

Cuando es muy pequeño, es también importante jugar con ellos, sobretodo cuando aún no tiene un grupo de compañeros con los que compartir sus momentos o en el caso de que no haya más niños pequeños en la familia. El hecho de que le demos nuestro afecto y valoremos sus logros no tiene porqué convertirlo en un niño malcriado, siempre que seamos justos con él o con ella y también le expliquemos lo que no se debe hacer cuando sea necesario.

Por último, otro de los errores en los que las familias de hijos únicos caen con frecuencia, es depositar grandes expectativas en ellos. La perfección no existe, y por lo tanto, nuestro hijo o hija no será perfecto, por lo que hay que respetar y aceptar sus fallos y defectos, aunque siempre le animemos y le ayudemos a mejorar en todo lo que esté en nuestras manos.

En definitiva, no existe problema alguno en la figura del hijo o hija única, siempre que empleemos el sentido común durante su crianza.

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